Salir de la Zona de Confort Para Descubrir Que La Magia Existe

Salir de la zona de confort para descubrir que  la magia existe de verdad. Mi amigo Ernesto siempre ha sido un apasionado de los deportes de riesgo. Todo lo que tenga que ver con las alturas o la velocidad le interesa. No solo no le da miedo, sino que le da vida. Para èl es una necesidad porque le produce la adrenalina necesaria para sentirse vital y lleno de energìa. Tendrìa que escucharlo cuando habla de sus aventuras o desventuras deportivas: recorridos imposibles en montain bike, puenting, surf o paracaidismo….. no tiene miedo. Parece que nada le asuste y, la pasiòn que transmite cuando narra sus hazañas es realmente contagiosa. Algunas veces, cuando despuès de un fin de semana de vèrtigo, me cuenta como le ha ido, me siento capaz yo mismo de hacer lo que èl hace: debido a la energìa positiva que transmite cuando habla. Da gusto tener un amigo como èl.

Tengo que reconocer que en algunos momentos he sentido cierta envidia porque en momentos de dificultad me hubiese gustado quizàs tener la seguridad en sì mismo que tiene èl. Al menos asì lo pensaba hasta hace algunos meses. Un dìa, sucediò algo que me hizo cambiar de opiniòn.

Ernesto me convenciò a pasar un fin de semana con èl en la montaña, la idea era dar una vuelta en bici, caminar y pràcticar algun deporte de riesgo. Sinceramente, no sè como logrò convencerme….pero al final aceptè, me apetecìa pasar un par de dìas con èl para relajarme y desconectar un poco de la rutina. Asì que preparamos nuestras mochilas y nos lanzamos a la aventura.

 

Mi adrenalina no tardò demasiado en pasar a convertirse en miedo ya que siempre he tenido un cierto vèrtigo. No creo tener miedo a las alturas pero tengo que reconocer que me siento mejor con los pies en el suelo. Por la mañana me llevò a dar una vuelta en bici: durante las subidas estàbamos juntos pero cuando llegaba el momento de bajar lo perdìa de vista enseguida. No conseguì dejarme llevar en ningùn momento. Me concentraba en cada una de las piedras del estrecho camino y focalizaba mi atenciòn a esquivarlas todas, era talmente lenta mi velocidad que estuve a punto de caer un par de veces.

Despuès de tres horas y media de mtb en los que estuve casi siempre sola, nos paramos a comer. Ernesto reìa y me hacìa cumplidos y yo, lo admiraba cada vez màs.

Pero no acabò ahì mi tormentosa aventura.
-    Ahora voy a ponerte a prueba – me dijo Ernesto – quiero demostrarte que puedes hacer mucho màs de lo que crees y que es la mente la que trata de convencerte de que tienes miedo o de que no puedes hacer algo.
-    Oh, Dios Mìo!!

Caminamos alrededor de un kilòmetro enmedio al bosque y llegamos hasta una zona llena de àrboles diferentes, muy altos, ni siquiera sè que tipo de àrboles eran. Vi que uno de ellos no tenìa copa, era solo un tronco situado enmedio con algunos escalones de hierro alrededor que permitìan escalarlo.  Justo enfrente, el tronco tenìa una especie de trapecio, a una distancia de un metro y medio màs o menos.
Ernesto se dirigiò hacìa una caseta de madera, de la que tenìa llave, y extrajo una serie de arnès de escalada y algunas cuerdas. Yo decidì no decir nada para no mostrar el pànico que empezaba a invadirme las piernas. Le dejè hacer hasta entender què es lo que pretendìa en realidad.

De este modo, Ernesto me colocò todos los sistemas de seguridad, que ademàs atò a la cuerda y pasò a travès de un àrbol para poder controlar mi peso. Mientras me explicaba el ejercicio, sin que yo pudiera nisiquiera pestañear, llegaron otras dos personas a las que Ernesto ya conocìa. Bromearon un poco y cada uno ocupò su posiciòn. Yo no. Yo no me movìa.

Ernesto subiò al tronco a la velocidad de la luz. Consiguiò colocarse en el punto màs alto con los brazos en cruz y sin ningùn tipo de apoyo y despuès se lanzò hacia el trapecio, dejàndose posteriormente caer al vacìo hasta que la cuerda detuvo la caìda.

 

¿Còmo enfrentarse a los propios miedos y salir de la zona de confort?

 

“Ahora te toca a ti”, dijo cuando estuvo de nuevo en el suelo.

Mi primera respuesta fue el NO màs rotundo que jamàs pensè poder articular. Un NO que repetì continuamente durante màs de cinco minutos en los que tanto Ernesto como los otros dos chavales me recordaban lo extremamente seguro que era el ejercicio.

“Puedes hacerlo”, repetìan.

“OK”, me dije a mì misma. Respirè profundamente tres veces y me dije a mì misma que podìa hacerlo. Intentè convencerme de que los lìmites estaban sòlo en mi mente. Me situè bajo el àrbol y mirè hacia arriba empezando a subir los diminutos escalones de hierro.

La subida fue relativamente fàcil. Sin embargo, cuando lleguè a los dos ùltimos escalones, situados a la misma altura, tuve que poner los brazos en cruz para impulsarme y subir hasta la cima del àrbol. Sin apoyo y sin base, màs allà del diàmetro del propio tronco. “Oh Dios Mìo, no mires abajo”, me repetìa a mì misma.
Me bloqueè. Me costò cinco minutos llegar hasta la cima y otros cinco lanzarme al vacìo hasta el trapecio. No me interesaban las cuerdas, ni me interesaba la seguridad. Yo tenìa miedo. Tuve que repetirme varias veces que podìa hacerlo y al final, cerrè los ojos, y me lancè. Tenìa que salir de la zona de confort, de mi zona de confort.

salir de la zona de confortWowwwww……que fantàstica sensaciòn!!!! Lo habìa hecho. Yo sola. Habìa superado uno de mis mayores lìmites. Me sentìa bien.

 

Dì las gracias a Ernesto, admiràndolo cada vez màs, por ayudarme a superarme a mì misma y llena de satisfacciòn lleguè al hotel. Nos preparamos y salimos a cenar. Despuès de un par de copas de vino, la conversaciòn empezò a hacerse màs profunda, màs ìntima y màs seria. El Ernesto juguetòn y bromista de siempre dejò paso a un Ernesto mucho màs sensible que yo nunca habìa tenido la oportunidad de conocer. Le dejè hablar de su infancia y me di cuenta de que cada vez se ponìa màs nervioso. Cuando hablaba de su padre temblaba y no encontraba la palabra adecuada.

Ernesto no era tan seguro como yo pensaba. Era sensible y tenìa sus miedos, sobre todo tenìa asuntos pendientes con su padre, con el que no hablaba desde hacia tres años y al que, sin embargo, extrañaba mucho. Este fue el momento en el que entendì que todos tenemos una zona de confort propia y lo que significa salir de ella. Cuando yo tuve que llegar hasta la cima del tronco y saltar estaba saliendo de mi zona de confort, sin embargo para Ernesto no suponìa ningùn reto. Para èl, la misma operaciòn no le obligaba a salir de la zona de confort, sin embargo hablar de su padre si. Cuando lo hizo, estaba saliendo de su zona de confort.

¿Por què salir de la zona de confort?

A lo largo de los años, todas las personas creamos nuestra zona de confort a travès de nuestros hàbitos y costumbres que acaban convirtièndose en rituales. Nos dan seguridad. La zona de confort es aquella condiciòn que conocemos bien, en la que todo ocurre màs o menos como esperamos, una especie de microcosmos formado por nuestras relaciones, hàbitos y convicciones en el que nos sentimos protegidos. Como le decìa, todos tenemos una zona de confort: puede ser un trabajo que no le gusta pero que, a fin de cuentas, le da un sueldo cada mes; una relaciòn con su padre que le hace daño pero a la que se he acostumbrado; unos kilos de màs que le gustarìa perder pero jamàs encuentra tiempo para ir al gimnasio porque implica cansarse; cierto vèrtigo que le obliga a evitar situaciones en los que la altura sea protagonista; miedo a volar que le impiden coger un aviòn; una relaciòn de pareja que no le estimula pero que tiene miedo de dejar para no sentirse solo…..

¿Cuàl es su zona de confort? ¿Se ha detenido alguna vez a pensar en lo que le asusta y lo que le da miedo? ¿Sabe enfrentarse a sus propios lìmites?

Quizàs usted estè pensando que no tiene nada de malo el hecho de no salir de la zona de confort, de quedarse siempre dentro . Es cierto, es màs còmodo y en parte tiene razòn. Sin embargo, existe un riesgo muy elevado de que su vida no le satisfazca. Nunca conseguirà nada si no arriesga y si no cambia.

Tanto en los negocios como en la vida, sòlo modificando se obtienen resultados. Saltar desde el palo fue para mì mucho màs significativo que el propio salto: me demostrò que muchos de mis miedos son solo creencias lìmitante que genera mi mente y no son hechos reales, que soy capaz de lograr muchas màs cosas de la que creo y que salir de la zona de confort puede darme muchas satisfacciones.

A Ernesto, salir de su zona de confort le permitiò hablar de su padre y darse cuenta de que no tenìa sentido seguir sin perdonarle y no hablar con èl, es su padre. Asì que dejò de lado el orgullo y lo llamò.

¿Entiende lo que significa salir de la zona de confort? ¿ Se da cuenta de lo mucho que puede ganar si lo hace y del cambio que puede generar en su vida?

Para crecer como persona y superarse a sì mismo, es necesario que usted salga de su zona de confort. Mientras la mayor parte de las personas se estanca porque no les gusta cambiar su rutina y sentir la inseguridad que implica cada cambio. ¿Por què cree que muchos aspirantes a emprendedor jamàs consiguen realizar su sueño? Aquellos que de verdad consiguen sus objetivos son personas que saben que para lograrlo tienen que romper con sus hábitos, enfrentarse a sus temores, y hacer cosas que jamás pensaron que se atreverían a hacer.

Si me lo permite, le darè un consejo. Cada vez que quiera cambiar algo, sabiendo que significa un obstàculo y que le impide vivir su vida con mayor plenitud, trate de imaginar como se sentirìa si lo hubiese ya cambiado. Visualìcese a sì mismo una vez superado el cambio. Esta visualizaciòn le darà el imput necesario como para salir de su zona de confort, aunque suponga un esfuerzo, y realizar el cambio que se ha propuesto. Alguièn me dijo hace algunos dìas que, fuera de la zona de confort existe la magia. Y yo quiero la magia en mi vida, ¿usted no?

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Staff de www.WebMarketingEmprendedores.com ; Periodista y Master en Relaciones Internacionales. Amante del marketing on line, el mundo de la comunicaciòn y las estrategias para conseguir la propia libertad financiera. Creo en el potencial de todas las personas para superarse a sì mismas a travès de estrategias como la PNL, la Ley de la Atracción y otras técnicas de pensamiento positivo.

8 Responses to "Salir de la Zona de Confort Para Descubrir Que La Magia Existe"

  1. avatar Alain Pantoja dice:

    Hola Jèssica,
    He reconocido la historia y me identifico totalmente en lo que dices. Tampoco a mi me gusta hablar de mì mismo, al contrario, no me gusta y reconozco que muchas veces puede ayudar a mejorar situaciones o la relaciòn con un compadre o familiar.
    Es importante arriesgarse y enfrentarse a lo que no nos gusta, sòlo de este modo podremos crecer.
    Correctamente dicho.

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  2. avatar gerry rodriguez dice:

    còmo hago para saber si tengo zona de confort y cuàl es? soy alguièn que casi nunca tiene miedo. Thanksssssss

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    • Hola Gerry, todos tenemos nuestra zona de confort. Aquella formada por nuestros hàbitos y costumbres, por todo lo que haces casi automàticamente cada dìa. Puede que no te de miedo casi nada pero sin duda, habrà algo con lo que no te sientas demasiado còmodo. Por ejemplo, volar, hablar en pùblico, hacer la compra, comprar por internet, hablar de ti mismo, compartir tu jornada con tu familia o con tu mujer, jugar con tus hijos, hablar con ellos, dar consejos, recibirlos, hacer deporte, las alturas, comer fuera de casa, comer verduras, etc…..hay mil cosas que pueden suponerte cierta incomodidad y de lo que se trata es de que, poco a poco, te enfrentes a ellas para que la incomodidad sea cada vez menor.
      Un abrazo fuerte y gracias por tu comentario

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  3. avatar m carmen dice:

    Increible experiencia. Te reconec en la foto, es molt bona. Un bon escrit. Es de veres que tots tenim la nostra zona de confort, pero com reconeixerla i eixir de ahí?. Un beset.

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    • Hola M Carmen,
      gràcies pel comentari. Reconeixer la propia zona de confort es molt mès fàcil del que pensem, sols que a voltes es mès còmode no pensar-hi. Pensa amb aquelles coses que t’agrada menys fer, que et posen nerviosa, etc,….tots tenim una zona gris, i quan l’atravessem podem descobrir un miliò de colors….l’unica cosa que es necessita es voler fer-ho i actuar.

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  4. avatar Aitor dice:

    Ojala el miedo y la oscuridad no vuelvan a frenarme. Un abrazo Jèssica

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  5. [...] Asì que decidì enfrentarme a èl. El domingo siguiente volvì al aeropuerto, pero las sensaciones eran muy diferentes a las que vivìa normalmente. Mientras llegàbamos al aeropuerto y se iba oliendo el olor a queroseno de los motores del aviòn, yo sentìa miedo, y una voz en mi interior me pedìa que no saltase. La misma que una vez en el aire, cuando la puerta del aviòn se abriò y habìa llegado el momento, me impedìa dejarme ir. Me costò muchìsimo y estuve apunto de echarme atràs. Fue una experiencia muy dura para mì, pero lo hice. Me lancè y todo fue normalmente, como las 999 entre mil en las que todo va bien. Habìa aprendido como superar los miedos. [...]

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