Miedo al Rechazo: Lo que Otros Jamàs le Diràn

Miedo al rechazo. Me levantè como siempre a las 7 y 10 de la mañana. Puntual, mi despertador como siempre no faltaba a su cita. Una ducha ràpida, vestimenta informal y concienzudamente preparada la noche anterior sobre la silla y me dirigì a la cocina. Cafè con leche y cereales, como solìa hacer todas las mañanas ya que dicen que contienen mucha fibra y ayudan al ritmo intestinal.  A las ocho estaba lista para ir al trabajo sin poder imaginar la cantidad de rarezas a las que iba a tener que enfrentarme ese dìa.

La primera de ellas fue no recibir el saludo de mi vecina que, como normalmente no tiene nada que hacer, abre la puerta cuando oye la mìa y me da los buenos dìas. Ese dìa, la señora Marìa no saliò.

miedo al rechazoCuando lleguè a bajo y abrì mi buzòn me encontrè que, al contrario de lo habitual, no habìa ni una sola carta para mi. Yo solìa recoger por las mañanas, la correspondecia del dìa anterior. ¡Que raro!

No le dì màs importancia y pensè en echar un vistazo por la tarde, despuès del trabajo. Me dirigì a la parada del autobùs, como de costumbre. No es que yo sea la reina de los saludos, sobre todo por las mañanas pero existen algunos “buenos dìas” que, de rutina, suelo dar a algunos vecinos, a los comerciantes o a la señora de la limpieza de la escalera. Ese dìa todos parecìan ignorarme.

Contrariada, lleguè a la parada del autobùs. Espere y me subì al 58 que me llevarìa hasta el trabajo, en una oficina inmobiliaria de la calle herrero. Tampoco en el autobùs me saludò nadie, las personas con las que todas las mañanas solìa compartir bostezos, ni me miraban.

¿Era yo o eran ellos?

Lo peor de todo fue llegar al trabajo. Entrè en la oficina, todos me miraron extrañados cuando di los buenos dìas, y lleguè a mi mesa en la que no habìa nada. Absolutamente nada. Mis cosas habìan desaparecido. Antes de que pudiera reaccionar, porque sinceramente no podìa dar crèdito a mis ojos, se acercò mi compañera Ana y me dijo:

-          ¿Podemos ayudarla?

¡Còmo??!!! Tenìa que ser una broma. Y asì la tome. Tratè de reìr y seguirles la corriente hasta que de verdad me di cuenta de que no estaban bromeando. Me estaban echando de mi trabajo, en el que todos fingìan no conocerme.

Estaba claro. Me estaba volviendo loca.

Volvì a mi casa entre triste, contrariada y cabreada. Las làgrimas resbalaban por mis mejillas sin que yo tuviese la mìnima posibilidad de controlarlas. Lleguè a casa, siendo de nuevo ignorada durante todo el trayecto. Apaguè todas las luces y me acostè, quizàs con la esperanza de despertar de una pesadilla.

Por desgracia no fue asì. Al dìa siguiente repetì todas las operaciones y las respuestas y reacciones recibidas fueron las mismas. Nadie parecìa verme, ni conocerme. A nadie le importaba nada de mì.

Desolada y sin fuerzas volvì de nuevo a casa. En la cama no podìa parar de pensar en todo aquello que me estaba ocurriendo hasta darme cuenta de que ni siquiera yo misma sabìa quièn era. Yo misma no me conocìa. ¿De quièn eran los valores que yo defendìa? ¿Eran mìos de verdad o de alguna otra persona? ¿Y las cosas que normalmente solìa hacer, me gustaban de veras o me las habìa inculcado alguièn? ¿Quièn era yo?

No me reconocìa. Y lo que es peor, jamàs me habìa conocido.

Largos dìas en la cama, sin ni siquiera comer, me hicieron reflexionar sobre las cosas que realmente eran importantes para mì, sobre todas aquellas cosas que me gustaba hacer de verdad y aquello que, sin embargo, hacìa por los demàs. Esos dìas, en el silencio de la oscuridad, me permitieron adentrarme en mì misma y adquirir informaciòn sobre mi persona. Conocerme. Algo que nunca habìa hecho.

Despuès de todos esos dìas sin dormir, a pesar de no salir de la cama, me quedè profundamente dormida. Un profundo y reparador sueño del que me despertè cuando de nuevo sonò el despertador a las 7 y 10 de la mañana. Mucho màs alegre y motivada, decidì intentarlo de nuevo. Ducha, vestido y desayuno. A las ocho salìa de casa y ¿sabe a quièn me encontrè? A la señora Marìa que me diò los buenos dìas, mirandome COMO SIEMPRE de arriba a abajo. Y mi buzòn estaba lleno de cartas y publicidad. Y la señora de la limpieza me sonrìo, como tambièn lo hicieron los comerciantes, a los que respondì con una sonrisa resplandeciente y con una seguridad en mì misma que jamàs habìa tenido.

Todo volvìa a ser còmo antes.

¿Què habìa pasado?

Muy sencillo. Mi continuo y grave miedo al rechazo me habìan convertido en una persona que ni siquiera yo conocìa, hecha en modo flexible para agradar y satisfacer a los demàs que, queriendo o sin querer, me habìan transmitido un cierto modo de hacer las cosas, de actuar y de decidir.

Sòlo dàndome cuenta de que estaba sola, y de que siempre lo habìa estado, habìa sido capaz de subrayar lo màs valioso que habìa en mì misma y utilizarlo para ser visible ante  los demàs. Con mis defectos, con mis virtudes y con mis errores. Estando sola, no podìa importarme lo que los demàs pensasen o dijesen de mì, por eso podìa actuar como me diese la gana (permìtame la expresiòn). Asì lo hice. Y asì iba a hacerlo desde ese momento.

Miedo al Rechazo: ¿Què es y cuàles son las principales causas?

Con esta adaptaciòn de un cuento de Jorge Bucay me gustarìa introducir la cuestiòn sobre el miedo al rechazo y sobre la importancia de vencerlo. El miedo al rechazo es la imposibilidad de actuar como se quiere o siguiendo la propia voluntad para satisfacer la voluntad de los demàs, consciente o inconscientemente.  Se trata de la continua necesidad de aprobaciòn y aceptaciòn que, en parte, puede ser comprensible si tenemos en cuenta que somos seres sociales y que, como tales, necesitamos sentirnos parte de un grupo.

El problema surge cuando esta necesidad de aprobaciòn, por parte de un grupo o de una persona concreta, se convierte en una obsesiòn. En este caso, el miedo al rechazo se convierte en un problema grave porque no le permitirà actuar, ni tomar decisiones. En definitiva, no le permitirà seguir adelante.

Normalmente, las causas del miedo al rechazo hay que buscarlas en la infancia o en la adolescencia. Los niños suelen ser muy crueles y critican duramente aquellas cosas o personas que son diferentes. De este modo, alguièn que no ha sido aceptado en el colegio, por cualquier motivo, puede despertar un fuerte miedo al fracaso, una fobia que le persigue durante la adolescencia.

El miedo al rechazo suele estar ligado a problemas de baja autoestima y de falta de seguridad.  Las personas poco seguras de sì mismas, tienes màs miedo al rechazo y se obsesionan con la idea de formar parte de ALGO porque este grupo les da estabilidad y seguridad.

Motivos que alimentan el miedo al rechazo:

-          Falta de seguridad

-          Concepto negativo sobre sì mismo

-          Experiencia traumatica de rechazo en el colegio o en la universidad

-          No aceptaciòn de la familia

-          Falta de habilidades para relacionarse con los demàs

-          Poseen algùn defecto fìsico o psicològico

-          Han estado psicològicamente maltratadas por alguièn de su familia o su pareja

 

Estas son solo algunas de las causas que pueden desarrollar el miedo al rechazo. ¿Ha reconocido alguna de ellas en usted mismo? ¿le asusta ser rechazado? ¿Teme recibir un no como respuesta? ¿Se esfuerza siempre por gustar o satisfacer a los demàs? ¿Piensa siempre en el que diràn antes de hablar o de vestirse de un modo o de otro? ¿Levanta barreras ante los demàs para no decir lo que realmente piensa? ¿Se siente incapaz de ser natural durante un encuentro o durante una conversaciòn? ¿Sabe realmente quièn es usted o se pasa la vida ponièndose màscaras?

Si considera que el miedo al rechazo tiene demasiado protagonismo en su persona, quizàs haya llegado el momento de actuar y de decidir si quiere o no quiere continuar viviendo de este modo. ¿No cree que lo màs importante para usted mismo, deberìa ser precisamente usted?

 

Còmo Superar el Miedo al Rechazo

Para superar el miedo al rechazo, antes que nada es necesario hacer una importante labor de autoanàlisis para averiguar cuàl es el punto desde el que se ha de partir y cuàles son los principales motivos que causan su miedo al rechazo.

Una vez usted sea consciente de que tiene el miedo al rechazo, escriba en un papel quiènes son exactamente las personas de las que teme el rechazo y en què modo se manifiesta tal miedo. Es decir, què hace o deja de hacer para obtener la aceptaciòn de estas personas.

Lèalo de nuevo y trate de encontrar comportamientos alternativos a los anteriores. Por ejemplo, si a usted no le gusta el fùtbol pero todos los domingos por la tarde va al bar de siempre para ver el partido con sus amigos y sentirse parte del grupo. ¿Cree que podrìa hacer algo diferente los domingos por la tarde? ¿O almenos alternar un domingo de fùtbol si y otro no? ¿Le gustarìa?

Si la respuesta es afirmativa, ¿què cree que pensarìan sus amigos de usted? ¿Què consecuencias podrìa tener su comportamiento alternativo frente a su grupo de amigos? ¿Serìa tan dramàtico?

Analice estas consecuencias y decida si està dispuesto a “soportarlas”. ¿No cree que se sentirìa mejor? ¿Cree que hay otros obstàculos, aparte de su miedo al rechazo, que le impidan comportarse de modo diferente y siguiendo sus propios criterios?

Es importante que analice todos estos obstàculos para determinar si realmente se trata de hechos reales o de pensamientos que ha ido alimentando usted en su cabeza, sin sentido y sin pruebas que los avalen. Si son hechos reales, posiblemente no sea el miedo al rechazo el que hay que combatir en este caso sino la soluciòn de problemas. Sin embargo, y como suele ocurrir la mayor parte de las veces, si se trata de creencias limitantes, es necesario, que las elimine y las supere para vivir una vida màs plena y satisfactoria.

Tips para superar el miedo al rechazo

-          Conòzcase a sì mismo

Estoy convencida que debido a muchos factores como la sociedad en la que vivimos, las pautas de los medios de comunicaciòn, el ritmo frenètico de nuestras vidas, etc… son pocas las personas que de verdad se detienen a analizar cuàles son sus opiniones, pensamientos y valores. Es màs còmodo o fàcil seguir los de los demàs, ¿està de acuerdo?

Sin embargo para poder convertirse en una persona segura, sin miedo, y determinada, necesita saber quièn es exactamente y cuàles son las cosas que màs le importan.

-          Acepte las crìticas

Es absolutamente imposible gustar y satisfacer a todo el mundo. ¿ A usted le gustan todas las personas que conoce? ¿Està de acuerdo con todo lo que le dicen? ¿Cree que a todos ellos les importa lo que usted piense u opine?

No. Y es normal.

Intentar gustar a todo el mundo, le crearà una confusiòn tal que no se reconocerà a sì mismo. En su vida, como en la mìa y en la de todos, existen una serie de personas a las que merece la pena escuchar: su familia, sus amigos, sus colaboradores, etc…. pero no a todos. ¿Què sentido tiene que usted se deje influenciar por el comentario o la crìtica que reciba de una persona que acabe de conocer y a la que posiblemente no volverà a ver jamàs?

Cuando tenga sentido, acepte las crìticas y entienda que no todos tienen que pensar, necesariamente como usted. Y no pasa nada.

-          Deje el juicio en casa

Si no quiere verse sometido a juicios, aprenda a no juzgar. Hable, escuche y respete.

-          Muèstrese màs y muèstrese tal y còmo es.

Como cualquier ejercicio o entramiento, el miedo al rechazo se supera con la pràctica. Si lleva mucho tiempo escondido detràs de su màscara y ha olvidado còmo se hacìa para expresar una opiniòn, empiece a hacerlo de nuevo. Desde ahora mismo. Nada màs tenga una oportunidad, diga lo que piensa tranquilamente y espere la reacciòn de los demàs, verà como no es tan dura còmo usted se habìa imaginado. Salga de su zona de confort y manifièstese, verà que agradable sensaciòn.

 

Miedo al Rechazo en los negocios

El miedo al rechazo no sòlo puede tener consecuencias muy negativas en su vida o en sus relaciones sino que, ademàs, podrìa afectar gravemente a sus negocios. Por ejemplo, si usted se dedica a las ventas, el miedo al rechazo puede ser un lìmite inquebrantable que le impedirà ganar dinero. ¿Cuàntas ventas cree que pierde en una semana por temor a recibir un no? ¿Cuànto le cuesta cada semana, o cada mes, su miedo al rechazo? ¿Cuàntas oportunidades le obliga a perder?

Al igual que su miedo al rechazo le obstaculiza ante sus amigos, le impedirà pedir un aumento de sueldo o solicitar una venta. En definitiva, puede hacer mucho daño a sus negocios o a su profesiòn.

Si de veras quiere ser feliz necesita liberarse del miedo al NO y del miedo al rechazo. Si dice o pregunta algo, podrìa obtener un NO, pero si no dice o no pregunta nada, le aseguro que NO obtendrà nada

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Staff de www.WebMarketingEmprendedores.com ; Periodista y Master en Relaciones Internacionales. Amante del marketing on line, el mundo de la comunicaciòn y las estrategias para conseguir la propia libertad financiera. Creo en el potencial de todas las personas para superarse a sì mismas a travès de estrategias como la PNL, la Ley de la Atracción y otras técnicas de pensamiento positivo.

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